El apartamento sin piso

No fue  hace mucho que mi hermano  Antonio se vino a vivir a mi apartamento unos días. Él vive en un apartamento mucho más elegante y amplio que el mío, está además, mucho más cerca  de su trabajo, pero se mudó  porque se quedó sin piso y ahora le andan reparando el apartamento. Mientras, lo tengo como mi nuevo inquilino. Le pasó hace unas semanas mientras  dormía, el agua desbordó uno de los lavaderos y  alcanzó a cubrir todo el piso hecho de parquet. A la mañana siguiente  el apartamento parecía  una piscina y el parquet  estaba todo levantado.

 

Me contó Antonio  que días antes el gasfitero había hecho una inspección general del apartamento, debido a que por las noches se podía oír nítidamente el goteo de agua de algún lugar de la casa. El gasfitero  se había pasado toda una mañana entera  revisando  los caños y lavaderos, había desarmado y armado cuantas veces quiso y pudo todas las tuberías del apartamento y no encontró nada. Solo encontró un caño gastado que arregló en cuestión de minutos y por lo que le cobró a mi hermano una  considerable suma de dinero, según el gasfitero, porque le había hecho una inspección general al apartamento y ahora podía estar seguro de que no iba a tener problemas de fuga de agua.

 

A parte de eso, le recomendó a mi hermano el cambio de ciertas tuberías y conexiones que por caducaciòn debían ser remplazadas en la mayor brevedad de tiempo. Mi hermano Antonio  no le tomó mucha importancia a estas recomendaciones, pues pensaba que el gasfitero solo intentaba sacarle dinero, además si la suma  era bastante alta solo por hacer una revisión, seguramente sería mucho mayor si   tendría que cambiar unas cuantas tuberías.

 

La idea era buscar a otro gasfitero para que hiciera el mismo trabajo. El apartamento era relativamente nuevo, no llevaba más de dos años viviendo ahí desde que lo compró y resultaba extraño que tuviera tantas tuberías en mal estado. Los días pasaron y mi hermano olvidó el problema por completo. No llamó a otro gasfitero ni mucho menos al mismo para que haga los cambios recomendados. Las goteras habían sido reparadas y no había nada que le recordara la intención de  hacer esas reparaciones recomendadas.

 

Un fin de semana, Antonio fue a la casa  de mis padres en Barcelona, ahí pasó la noche sin saber que  en Madrid, su apartamento  estaba inundándose debido a  una tubería gastada que había terminado por quebrarse y dejaba correr el agua por todo el piso. Cuando llegó a la mañana siguiente, todo el apartamento estaba inundado, el piso de parquet había  sido el que más había sufrido. Las alfombras  y todos sus zapatos también estaban remojados en agua. El pánico de ese momento lo llevó a  blasfemar contra el gasfitero.

 

El piso tuvo que ser extraído en su totalidad y ahora le están colocando  uno nuevo, razón por la que  a tenido que venirse conmigo por unos días. Mientras le ponen el nuevo piso, el gasfitero le esta  reparando todas las tuberías que sean necesarias, ya no importa si el costo es demasiado alto, es preferible pagarlo a tener que  quedarse sin piso nuevamente. Parece que después de todo, el gasfitero se salió con la suya.

 

 

 

 

 

 

 

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SE VAN CERRANDO LOS ESPACIOS PARA LOS FUMADORES, PRONTO SÓLO LES QUEDARÁ EL ESPACIO DE SU INMUEBLE

Y el año nuevo trajo muchas cosas. Para algunos significó dejar atrás un año lleno de problemas y sin sabores, para otros significó dejar atrás su último año de soltería, otros quizá van a comprar un inmueble en el presente año, quizá otros se muden a un apartamento más cómodo pero hay un sector que no las trae consigo y que ve como su espacio se reduce cada vez más. Me refiero a las personas que fuman. En efecto, a estas personas cada vez les queda menos lugares para fumar, prácticamente están siendo aislados y ellos se quejan con todo el derecho. Quiero aclarar que quien escribe no es fumador. Aquí se produce un punto de quiebre en el que creo que los fumadores deben ser los más tolerantes y juiciosos ya que no deben perder de vista que su vicio es mortal y no pueden arrastrar a personas inocentes a éste. Creo que si el fumador no pierde de vista eso, sabrá adaptarse a las nuevas reglas de juego. Pueden fumar en la privacidad de su apartamento o chalet o incluso en la calle, siempre y cuando no estén cerca de una persona que no comparte su vicio.

Por otra parte y siendo honestos, debemos decir que fumar a estas alturas del tiempo, resulta ocioso. Justamente debatíamos este tema con unos amigos y llegamos a la conclusión que el que fuma o es un tonto, o un débil mental o, como mínimo, un desinformado. Esta última posibilidad queda casi descartada a la luz de la globalización pues es virtualmente imposible que alguien no conozca los daños que producen el tabaco y la nicotina. Las otras dos opciones que quedan para rotular a los fumadores no son muy alentadoras y si usted, amigo lector, es fumador, por favor no se ofenda. Póngase una mano al pecho y reconozca su error, lo cual no quita que sea su derecho. En efecto, si uno quiere envenenarse, no hay ley que lo impida. Moralmente quizá este reprobadísimo, pero legalmente usted es inocente. Ahora que tenemos todas estas premisas bien claras, queda en usted liberarse de la esclavitud de la nicotina. Así es, qué sentido tiene llamar a gritos al cáncer si es sabido que es la enfermedad con el rostro más feo y que supone una penosa y larga agonía antes de morir, sin mencionar los gastos que acarrea su tratamiento y el suplicio a que deben ser sometidos los familiares de un enfermo desahuciado de cáncer. ¿Desea usted ese destino? ¿Quiere involucrar a sus familiares en este trance? Si usted es inteligente, la respuesta inevitablemente debe ser no.

De repente usted quiere librarse hace tiempo pero carece de fuerzas para hacerlo. En ese caso debe usted pedir ayuda. Si la familia se une en una especie de cruzada anti tabaco, es casi seguro que la victoria se consuma. La familia debe hacerse una y visualizar al cigarrillo como un enemigo que debe ser desterrado del hogar y del círculo familiar en definitiva. Terapias de apoyo pueden ayudar y mucho y lo mejor del caso es que pueden resultar gratuitas si uno mismo las emprende. Puede iniciar actividades deportivas con objetivos físicos y de rendimiento específicos. Esto punto es de vital importancia pues el hombre funciona mejor y se hace mucho más fuerte cuando tiene metas que alcanzar. Es un mecanismo de recompensa clásico, la autoestima sube y uno se valora a sí mismo. De la misma forma que las personas sienten placer al ser propietarios de un inmueble grande y lujoso o por conducir un automóvil deportivo o por tener una pareja atractiva, sentirá gran placer al sentirse capaz de derrotar a un elemento tan bajo como el cigarrillo y ser poseedor de una salud a prueba de balas. Las personas que han dejado atrás el lastre del cigarrillo, coinciden en señalar que se sienten mucho más jóvenes y vitales, su calidad de vida aumenta proporcionalmente al tiempo que ha transcurrido desde que fumaron su último cigarrillo. La familia se integra más y avanza en una misma dirección, los hijos se vuelven más responsables y todos comparten actividades con gran entusiasmo.

Si no ha dejado aún de fumar, ¿Qué está esperando?

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EL INMUEBLE ADECUADO PARA UNA FIESTA SORPRESA

Las veces que he tenido la oportunidad de realizar una reunión en mi casa, los invitados la han pasado muy bien y nunca ha faltado una que otra sorpresita. Recuerdo una ocasión en que la emoción se hizo presente en mi inmobiliario pues le organizamos una fiesta sorpresa a Miguel, uno de mis mejores amigos. Miguel es una persona bastante especial. No le gusta celebrar sus cumpleaños y los toma como si de un día más se tratase. Las veces en que le toca cumplir años en día laboral, se la pasa trabajando todo el día y si toca en fines de semana, literalmente se hace invisible haciendo imposible que lo saludemos en ese día. Sin embargo, en aquella ocasión, decidí urdir un plan maestro en complicidad con nuestros amigos comunes. La fiesta se realizaría en mi casa, a no dudarlo, pues tenía el espacio necesario además de una adecuada distribución de los ambientes para la fiesta. El jardín interior de mi casa era bastante amplio y podía acoger hasta 50 invitados cómodamente. Además el fondo de sala era perfecto para acomodar una mesa grande donde se pudiera servir los platillos, bocaditos y bebidas. Por otra parte estaba el bar para los más recios que se pegaban a la botella y no la soltaban por horas. Mi inmueble también ofrece una terraza con vista a la calle, es relativamente amplia y tiene un codo que la divide en dos áreas, era la zona ideal para los “pendientes” de algunas parejitas a cualquier hora de la noche. Por si esto fuera poco, tenía hasta tres habitaciones desocupadas que tranquilamente podría “alquilar” por algunas horas. Así me gustaba bromear con mis amigos, como para que no quedara duda de dónde se iba a realizar la fiesta sorpresa.

El lugar estaba definido, ahora faltaba ver la parte más difícil de la operación: localizar a Miguel y atraerlo de alguna forma al epicentro de la diversión. Se me ocurrió que la única forma era en base a una obligación, algo que lo coaccionara porque de otra forma se podía oler el engaño. Miguel era muy astuto y no era fácil timarlo, había que hilar fino. Pensé que si se refugiaba en el trabajo, era necesario enlazar el plan con algo relacionado a este. Necesitábamos la colaboración de nuestro jefe. En efecto, me asocié con el jefe directo de Miguel quien tuvo la brillante idea de hacer que Miguel recogiera una encomienda laboral en mi casa. Pero ¿por qué tendría que llegar dicha encomienda laboral a mi casa? Muy simple, era un cargamento grande y los almacenes de la empresa no abrían los días domingo, día que llegaba el embarque y día en que debía realizarse la fiesta sorpresa necesariamente. El jefe de Miguel lo hizo todo bien y mandó un memorándum con su firma y sello de la empresa indicándole a Miguel que debía ir a verificar el buen estado de la encomienda que se depositaría en el patio de mi casa. Agazapado tras una de las divisiones de nuestro centro de trabajo, vi como Miguel mordió el anzuelo. Había caído redondo. Teníamos cuatro o cinco días antes del día de la reunión. Tiempo suficiente para planear algo bonito. Miguel cumplía 35 años y había que hacerle recordar viejos tiempos en que salíamos con varias chicas de la universidad y el tiempo quedaba abolido.

La comisión organizadora la integraban otros dos compañeros de trabajo que guardaban celosamente el secreto. Uno de ellos se encargaba de todo lo que eran los consumibles de la fiesta, llámese bocaditos, bebidas o tragos. Nada debía faltar. El otro compañero se encargaba de la parte meramente logística como los mozos que atenderían, los globos y serpentinas, la decoración, las mesas y algún show especial. Fue en este último punto donde metí mi cuchara y sugerí algo que terminó convirtiéndose en el hecho más celebrado de los últimos tiempos. Pues llegó el día de la fiesta y todo fue de primera, desde la mañana los mozos organizaban su espacio de trabajo, la amplia cocina les otorgaba la posibilidad de transitar sin temor a toparse unos con otros, las bebidas se acomodaron, los dispensarios de cerveza y los bocaditos en las mesas de la sala.

El memorándum le sugería a Miguel llegar a las 5 de la tarde a la dirección de mi casa con el fin de supervisar el supuesto embarque. Vaya sorpresa se llevaría. Puntual como siempre, mi amigo tocó el timbre. Se había vestido formalmente, como un día de trabajo más, le abrí la puerta y lo saludé por su cumpleaños, él dijo que ni se acordaba de eso y que había venido por motivos laborales. Sí, claro –le respondí- y lo invité a pasar al patio principal. Dos puertas nos separaban del patio y lo conduje hasta la estancia. Una vez que se abrió la última puerta, lo dejé pasar y lo encerré en el patio. Desde el otro lado de la puerta pude escuchar la voz de Miguel que decía “Aquí no hay nada, por qué cierras la puerta”, a lo que le respondí que esperara. En seguida di la orden a la primera chica para que pasara, espere dos minutos y luego hice pasar a la segunda chica y luego a la tercera. Se trataba de tres bellas strippers que había contratado para Miguel. En seguida, empezó a sonar la música y las tres bailaron para el confundido Miguel que tuvo que rendirse. Mientras, los casi 30 invitados que habían llegado, observaban toda la escena desde lo alto de la terraza, algunos tomaban fotos comprometedoras y otros registraban el hecho en video. Después de quince minutos de calentamiento, todos bajamos y nos reunimos con el agasajado. La fiesta se prolongó hasta pasada la medianoche y más de uno intentó alquilarme los cuartos desocupados.

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EL GRAN DANES EN MI CASA

Es bueno recibir halagos y cumplidos acerca de la decoración de tu inmobiliario. Nos afanamos para que se vea básicamente limpio y ordenado pero también nos gusta lucir algunas cosas. En mi caso, mi padre es pintor y tengo muchas de sus obras adornando los distintos ambientes de mi inmueble. En la sala están alineados los retratos de todos sus nietos en los que mi padre utilizó la técnica el carboncillo sobre lienzos que ahora yacen cautivos al interior de finos y dorados marcos.  En el centro de una de las paredes de sala, un gigantesco óleo mostrando a un pescador de principios de siglo XIX desembarcando de su nave, cuelga en solitario mostrando sus tonos azulescos sobre un bronceado torso desnudo. Otra de las paredes sirve de apoyo para el autorretrato de mi padre en los que se conjugan varias técnicas, destacando el puntillismo de sus facciones sobre los suaves trazos de los alrededores. Esas son las principales atracciones de la casa, aunque una visita que tuve hace poco se recreó en otro atractivo que, la verdad, yo no había siquiera considerado.

 

Sucede que mi hermana Carolina, llegó de viaje procedente de la ciudad de Copenhague en Dinamarca. Ella radicaba en aquel país desde hacía casi veinte años, cuando muy joven conoció a un marino mercante llamado Olaff, del cual se enamoró. Al año de haberse conocido ya contraían nupcias y se marchaban a vivir en tierras danesas. En todos esos años nos habíamos visto unas cuatro veces y es mucho, generalmente coincidiendo en algún matrimonio o funeral familiar. Esta era la primera oportunidad que Carolina me visitaría en mi propia casa, la que un día compartió conmigo y con nuestros padres. Y no vendría sola, sino que Olaff vendía con ella. Se sorprendería de ver las mejoras que había practicado en mi inmobiliario desde que ella se marchó. Casi lo había convertido en un museo de arte con las obras de nuestro padre, correctamente restauradas y casi rescatadas del antiguo sótano el inmueble que le servía como taller de pintura.

 

Y llegó el día en que Carolina y Olaff aparecieron en la puerta de mi casa, habíamos quedado en que se alojarían aquí mismo, la casa era bastante grande y hubiese sido una descortesía de mi parte el no invitarlos a ahorrarse el alojamiento. Una vez que llegaron, los recibí como correspondía invitándolos a pasar a la sala de casa. En su primer recorrido visual quedaron sorprendidos con las obras de arte y más que nada con su, según sus propias palabras, su excelente distribución. Nos sentamos y les ofrecí un trago, ambos solicitaron Vodka, así que llamé a mi sirvienta para que nos atendiera mientras les preguntaba acerca de su llegada. Cuando apareció Lorena, mi sirvienta de nacionalidad colombiana, noté que Olaff se turbó, esto mientras Carolina y yo conversábamos en castellano. Aproveche que Olaff no dominaba nuestro idioma materno y le pregunté a Carolina acerca de la actitud de Olaff, a lo que ella hizo un gesto de desgano y resignada me contó brevemente que Olaff resultó ser un mujeriego empedernido y cada vez que tenía oportunidad se la pasaba coqueteando con otras mujeres. No le di importancia al asunto, a petición de la misma Carolina, y los invité a acercarse a las pinturas y observarlas detenidamente. Así lo hicimos y nos pusimos en pie dirigiéndonos al óleo gigante del pescador y cuando me afanaba en explicarles las técnicas usadas por mi padre en la confección de aquel cuadro, me di cuenta que sólo Carolina estaba junto a mí, mientras que Olaff ya estaba hablándole en Danés a Lorena que solo sonreía tímidamente pero con ese rostro de alegría que presentan las mujeres al sentirse deseadas.

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UN INMOBILIARIO PROPIO, UNA NECESIDAD MAS QUE UN DESEO

Los correteos que uno pasa para conseguir un apartamento son increíbles. Recuerdo esas épocas con cierta añoranza y nostalgia. Uno se apresuraba y hostigaba a cuanto conocido tenía para hacerse con uno de estos cómodos inmobiliarios aunque sea por un día. Era la época de estudiante en la que el dinero escasea y brilla por su ausencia. A esta edad aún dependemos de nuestros padres, ellos son el sustento del hogar y hacen un gran esfuerzo para mantener las riendas de la casa. Se preocupan porque no falte comida en la alacena, que todos estemos correctamente vestidos y que tengamos acceso a una educación decente, no se les puede pedir más, quizá algo de dinero para los gastos corrientes de movilidad y alimentación fuera de casa, pero no más. Pensar en pedirles que nos renten un apartamento ni hablar, no sería justo y además con los costes de la universidad sería muy difícil, si se tiene hermanos peor aun, y que te regalen un apartamento, ni hablar. Sin embargo esto no significa ni representa que nos quedemos cruzados de brazos aceptando nuestro destino, los jóvenes tenemos otras “necesidades” y hay que ingeniárselas para satisfacerlas de algún modo.

 

            Por ejemplo, hay veces en las que queremos reunirnos con algún amigo en la casa y ver un partido de fútbol, quizá nuestro padre se una a nosotros y disfrute del mismo con nosotros, nuestra madre quizá colabore con la causa sirviéndonos alguna merienda, hasta allí todo bien. Pero está el fantasma de las restricciones, se deben guardar las formas y evitar el uso y abuso de ciertos vocablos que pueden resultar chocantes y hasta decepcionantes para nuestros padres, sería como traer abajo su afanada construcción educativa a lo largo de tantos años. En un partido de fútbol no sólo reinan las alabanzas y los elogios para las jugadas vistosas, no señor, también están las increpaciones subidas de tono ante una jugada que juzgamos indebida y los improperios con todas sus letras y en mayúsculas para alguna falla garrafal o una oscura decisión arbitral. Para no reprimirnos en estos adjetivos lo ideal sería vivir independientemente en nuestro propio inmobiliario, es una necesidad en definitiva.

 

            Y ese fue sólo un ejemplo de tantos, aquí viene la parte más dramática. Me refiero a la hora que tenemos una pareja. Evidentemente querrá conocer nuestra casa y a nuestros padres. Bueno pues, la llevamos y la presentamos, un almuerzo quizá, una sobremesa cuando mucho y después queremos privacidad. A nuestra habitación no la podemos hacer ingresar, al menos no si pensamos cerrar la puerta, la descalificaríamos y nosotros mismos también nos descalificaríamos ante nuestros progenitores. Queda la sala pero la privacidad es a cuenta gotas, es una zona de libre tránsito por dónde pasa hasta nuestra empelada. Vayamos al jardín de la casa entonces, ahí nos topamos con que nuestros hermanos menores están enfrascados en un juego que requiere de un griterío generalizado. A esas alturas ya no sabemos dónde meter la cara ni que excusas y disculpas ensayar. La figura del inmobiliario propio se cae de madura. Aunque sea rentar una habitación sin lujos pero que sirva a nuestros propósitos. Quizá haciendo un esfuerzo y juntando un dinero podríamos afrontar la cuota inicial y hacernos con un apartamento, luego podríamos pagar las mensualidades con un trabajo de medio tiempo que nos permita seguir con nuestros estudios. Esa es la idea de una vida equilibrada para un joven que acaba de terminar la escuela y ha empezado a seguir una carrera universitaria. Un pequeño gran dilema sin duda.

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JURO HABER VISTO A ELVIS PRESLEY BAILANDO HACE POCOS DIAS

Uno se siente seguro al interior de su inmobiliario. Somos concientes de que esta construido con los mejores materiales y los acabados perfectos para nuestro gusto. Nuestros vecinos son personas honorables y contamos con una reja en la entrada a nuestro condominio, la seguridad es permanente en los alrededores e incluso cámaras monitorean la entrada y las áreas comunes de nuestro inmueble. Las garantías están dadas al parecer. Pero ¿Qué hay de un desastre natural? ¿Está nuestro inmueble preparado para soportar el embate de la naturaleza? Ayer estuve revisando en un conocido portal de Internet, donde se almacenan videos subidos por los usuarios a la red, unos videos acerca de desastres naturales y en particular me detuve en el terremoto que sucedió hace unos pocos días en el Perú por ser el acontecimiento más reciente en cuánto a desastres naturales intempestivos. Las imágenes que tuve oportunidad de apreciar gracias a este servicio de Internet fueron de escalofrío. Una de las ciudades más afectadas por el terremoto fue Ica, ubicada al sur de la capital peruana, Lima. Se veía que casi toda la ciudad había quedado arrasada cual castillo de naipes, los cadáveres estaban regados por toda la ciudad como si de cualquier paquete se tratase. Incluso un conocido hotel de esa ciudad había cedido en sus estructuras y el tercer piso pasó a convertirse en la planta baja de la edificación que se hundió sobre el terreno. La iglesia principal de la ciudad también se vino abajo y, según las informaciones de ese país, sepultó a los fieles que en esos momentos, anecdóticamente, celebraban una misa de difunto. La desolación era total.

 

            Pero en especial un video de la red me llamó la atención. En el mismo se veía a un reportero de televisión que, pálido y con los ojos muy abiertos por el susto, fue cogido justamente en el momento del terremoto al interior de un edificio, cuando se disponía, al parecer, a hacer una nota periodística. Su camarógrafo cámara en mano conservó la entereza pese al angustioso momento, la cara que éste habrá tenido es otro asunto ya que no se logra apreciar por obvias razones, pero llama la atención su pulso firme dentro de todo el movimiento telúrico. El sismo era interminable, según las informaciones que recogí se dice que fueron dos minutos y medio los que duró el terremoto que asolara la región centro del Perú. Pero volviendo al tema del edificio, mejor dicho, al video que yace colgado en la red acerca de un reportero que narra los instantes precisos del terremoto al interior de un edificio, les cuento que en otro de los departamentos contiguo al que se encontraba el hombre de prensa, se puede observar, gracias a la ecuanimidad del camarógrafo, a una familia que se encontraba reunida en la puerta de su apartamento. Esa imagen fue poco menos que enternecedora y al mismo tiempo apocalíptica. ¿Qué extraña combinación no? En la toma se puede ver como una madre y sus dos menores hijas de catorce y ochos años aproximadamente quedan paralizadas por el pánico y se limitan a tomarse de la mano y a rezar compulsivamente, casi autómatamente, en un esfuerzo por, creo yo, expiar sus pecados momentos antes de morir. Parece ser que la aterrorizada familia se encontraba en un piso alto del edificio porque se ve que las ondas del movimiento sísmico no son de las temibles ondas conocidas popularmente como ondas “S”, y que se caracterizan por mandar “latigazos” sobre la superficie, haciendo que mantener el equilibrio sea ya una proeza. Se trataban más bien de ondas horizontales al parecer puesto que de lo contrario el camarógrafo no hubiese podido efectuar tomas tan limpias del terremoto, lo cual me hizo pensar porque la familia no decidió bajar por las escaleras. Es por eso que supongo que se trataba de un piso muy elevado y por ende resignaron cualquier posibilidad de escapatoria.

 

            Por si fuera poco ahí no quedó la cosa. El reportero de televisión pudo captar el movimiento sísmico en sus precisos instantes porque al parecer hacía una nota sobre Elvis Presley ya que el apartamento donde se encontraba inicialmente presentaba una serie de cuadros del rey del rock and roll adornando prácticamente la totalidad de una de las paredes, extendiéndose hacia el fondo de la habitación. Junto a estos cuadros se logra ver también un anaquel repleto de discos compactos que sospecho a qué artista pertenecen. Incluso durante el sismo se puede apreciar al que parece ser dueño del inmueble que ahora servía de locación al fortuito acontecimiento y su parecido con Elvis Presley es notable con las patillas muy crecidas. Si a eso le sumamos que un día después de ocurrido el terremoto se conmemoraban treinta años de la muerte del rey del rock and roll, la deducción es bastante obvia y apunta a que el reportero iba a realizar una nota acerca de este acontecimiento cuando fue sorprendido por el movimiento telúrico. Pero lo más anecdótico fue que en pleno terremoto los cuadros que estaban colgados en la pared vibraban y hacían bailar al rey del rock and roll como en sus mejores días haciéndome recordar uno de sus apodos al inicio de su carrera, Elvis

La Pelvis. Así lo llamaban por sus frenéticos movimientos, nunca vistos y muy sexuales para la época siendo incluso prohibidas las tomas en la televisión de aquel entonces. Cuenta la leyenda que cuando Elvis aparecía en televisión se le encargaba a los camarógrafos hacer solamente tomas de la cintura hacia arriba de Elvis ya que sus movimientos eran una mala influencia para la juventud. Peo ese es otro tema. El hecho es que tuve la oportunidad de ver “bailar” a Elvis Presley en vivo y en directo luego de treinta años de que éste falleciera. Y para coronar la imagen, este fanático peruano de Elvis Presley posee en su colección un reloj de pared que presenta la particularidad de tener un muñeco de Elvis Presley en el centro y que en ningún momento deja de mover la cintura, ya me imagino cómo habrá danzado durante el terremoto.

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TRAGEDIA EN RASCACIELOS SEGUNDA PARTE

Veníamos recordando un poco los antecedentes del músico británico Eric Clapton y los momentos trágicos que le tocó vivir paradójicamente en la comodidad de su inmobiliario ubicado en el piso 53 de un rascacielos en la ciudad de Manhattan. Y así entramos a la década de los años noventa en que como también dijimos, la tragedia se el anunció al talentoso guitarrista. Justamente acababa de terminar de ofrecer un concierto junto a reconocidas figuras de la talla de Mark Knopffler, líder de los Dire Straits y Stevie Ray Vaughan. Justamente éste último abordó un helicóptero luego de ese concierto, aeronave que Eric Clapton también iba a tomar, desistiendo a último minuto. Por esas cosas del destino el helicóptero sufrió desperfectos durante su vuelo y se precipitó a tierra falleciendo Stevie Ray Vaughan, eximio guitarrista y gran amigo de Eric Clapton. Pero no iba ser este el único trago amargo de la década para el británico.

Eric Clapton tenía un hijo llamado Connor con una modelo llamada Lory del Santo. El niño había llegado al mundo impulsado por los deseos fervientes de la modelo de tener un hijo. Clapton se había mostrado distraído, por decir lo menos, a este respecto pero un buen día Lory le anunció que sería padre. En ese momento lo tomó de la mejor manera pero tampoco es que saltó en un pie de emoción. Sin embargo decidieron no vivir juntos y Eric veía a su hijo Connor sólo algunos días de la semana. El día anterior al penoso accidente Eric había llegado hasta el departamento de Lory para recoger a CONNOR y llevarlo al circo. Cuenta la mujer que ese día Eric había disfrutado mucho la estancia con su hijo y que le había confesado que recién se había dado cuenta de la dimensión de ser padre de aquella criatura y que quería involucrarse completamente en sus cuidados. En ese momento y ahí mismo dice Lory, procedió a darle un baño al niño con sus propias manos. Ya al día siguiente el itinerario indicaba que los tres irían a dar un paseo al zoológico, todo marchaba de maravilla y el niño se encontraba particularmente feliz por el día que había tenido previamente en el circo.

El destino sin embargo presentaba otros planes. En la sala del apartamento ubicado en el piso 53 estaban la madre, su hijo, la niñera y un empleado encargado de la limpieza. En esos momentos sonó el fax del departamento y la madre salió de escena y se entretuvo revisando la documentación que acababa de recibir en la que se consignaba un presupuesto para arreglos al interior del inmobiliario. Mientras tanto, en la sala, el niño jugaba como siempre a las carreras de un extremo a otro entre risas y sonidos, la madre podía escuchar sus pasos y sus risas desde el dormitorio. En un instante el conserje encargado de la limpieza se acercó hasta la niñera y tomándola por los hombros le dijo que había abierto el ventanal principal del apartamento que daba a la calle y que tuviera cuidado. En esos precisos momentos, cuando le estaba haciendo la advertencia, la nana, como es lógico, descuidó al niño, quien en una de sus carreras no midió la distancia o mejor dicho pensó que el gran ventanal seguía en su posición original y siguió su carrera de largo yendo a parar al vacío. En esos momentos, cuenta la madre, que escuchó un grito desgarrador, pero que la voz no correspondía a Connor sino a la niñera. Soltando los papeles que tenía a mano corrió a ver que sucedía y se topó con la sorpresa de que el ventanal que, hasta esos momentos ella creía fijo, se podía abrir, además no vio a su hijo por ninguna parte y en ese mismo instante comprendió lo que había sucedido y cayó desplomada de la impresión. Su hijo de apenas cuatro años de edad había caído desde el piso número 53 de aquel rascacielos y ahora yacía muerto en la calle. Eric Clapton fue informado por teléfono y llegaba cinco minutos más tarde al apartamento sin terminar de dar crédito a la noticia. Corría el mes de Marzo de 1991 y Eric nuevamente era golpeado por la desgracia. Se especuló durante casi un año que nunca más haría música para el público, pero el destino tiene una extraña e inescrutable forma de operar y al año siguiente el guitarrista británico presentaba su inmortal concierto acústico en asociación con la MTV que, merced al rotundo éxito del trabajo, tuvo varios años de recompensas presentando a otros grupos con conciertos en este formato. En uno de los momentos más altos del concierto Eric Clapton presentaba la hermosa canción titulada Tears In Heaven inspirada en la memoria de su hijo y arrancaba un nuevo capítulo en su carrera, la misma que se vio re potenciada hasta nuestros días.

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VA A PICAR EH, VA A PICAR

Qué buenas anécdotas guarda uno de los años de escuela. Recuerdo haber pasado gratos momentos al interior de mi inmobiliario pero creo no equivocarme al decir que los hechos más recordados discurrieron en la escuela al menos en lo que a mi respecta. Justamente recordé una de estas frescas vivencias a propósito de una visita que tuve al consultorio dental donde me atiendo. Esta esperando mi turno pacientemente mientras leía una de las tantas revistas que se agolpan sobre la mesa de la sala de espera. Al frente mío se sentaba una pareja de ancianos que bonachonamente miraban el programa de turno en la televisión que yacía empotrada en la parte alta de una pared. A mi derecha un hombre leía el diario con el ceño fruncido como tratando de digerir alguna mala noticia. Yo hacía lo propio con una de las revistas que encontré a mi llegada. En esos momentos vi a través de las puertas de vidrio que daban a la calle dos personas que se acercaban, se trataba de una señora y su hijo –supuse-, venían discutiendo y así ingresaron hasta la estancia donde me encontraba. La madre con la mirada baja increpaba al mocoso su falta de predisposición. El niño por su parte se revolvía y no entendía razones, no quería ni que su madre lo toque y así fueron a sentarse a mi costado. Por las explicaciones del niño para con su madre pude deducir que el tratamiento que requería en esos momentos era el de una prótesis dental, y no porque el niño o la madre hayan revelado esto durante su discusión, sino porque el niño emitía un sonido extraño que acompañaban sus frases, no eran fonemas normales, así que preste atención. Me di cuenta entonces que el niño carecía de los incisivos superiores y al articular las palabras, sumadas a sus atropelladas frases por lo acalorado del momento, se producía un sonido bastante particular, la frase venía con aire por así decirlo y ciertamente resultaba gracioso. El niño en cuestión tendría unos nueve años y era regordete con los cachetes bastante nutridos lo que aumentaba la aparatosidad de su situación. Por momentos me apiadaba de él. Pasó el rato y me tocó el turno de ingresar a mi cita con el odontólogo. No pude evitar preguntarle por el pequeño paciente que esperaba su turno y éste me explico que había perdido los dientes frontales en una pelea que sostuvo en su colegio, al parecer cayó mal y fue a estrellarse de lleno contra el piso.

 

            Cuando salí de mi cita, el niño a regañadientes ingresaba a su turno. Lo miré y seguí mi camino. Seguramente le procederían a colocar su nuevo par de dientes postizos y en esos pensamientos estaba mi mente cuando recordé a mi viejo amigo José de los años de escuela y un penoso y ala vez inaudito accidente que sufriera al interior de su inmobiliario. Sucedió que nos encontrábamos en el patio interior de su inmueble, éramos u grupo de cuatro niños, tendríamos unos diez años aproximadamente y jugábamos con unas canicas arrodillados sobre el suelo de concreto. Como todo niño de esa edad, jugábamos despreocupadamente haciendo chocar las canicas unas contra otras y apostando la propiedad de las mismas al mejor de tres tiros. Gritos iban y venían, reclamos naturalmente también y toda clase de invocaciones de suerte para cada tiro propio y maldiciones para los tiros ajenos. Fue en una de esas jugadas que a mi amigo José se le ocurrió la “brillante” idea de tratar de poner nervioso el tiro que nuestro amigo Giancarlo estaba por efectuar, para lo cual no tuvo mejor idea que pegar el rostro a su propia canica que era la que esperaba ser golpeada por Giancarlo. Todos mirábamos expectantes el desenlace de la maniobra que podía definir el juego puesto que estaban empatados a dos tantos cada uno. Giancarlo optó por un tiro aéreo fuerte sosteniendo la canica sobre su dedo pulgar y apretándola con el dedo medio que asu vez serviría de gatillo para cuando decidiera atacar. Era un tiro medianamente lejano y sacrificó precisión por contundencia al elegir ese tiro.

 

Fue así que cuando Giancarlo lanzó el tiro la canica fue a picar en un desnivel que presentaba el piso acelerando su ritmo y cambiando su rumbo a la vez con tan mala suerte que fue a impactar de lleno en la boca de José que prácticamente se encontraba en posición Papal besando el suelo. Se escuchó un ruido semejante al chocar de dos mayólicas y vimos como José se llevó ambas manos a la boca y empezó a rodar por el piso retorciéndose de dolor y emitiendo unos gemidos bastante lastimeros. Todos echamos a reir a mandíbula batiente mientras veíamos que José se incorporaba a duras penas y salía a toda prisa reclamando a su madre. Ésta bajando presurosamente desde sus habitaciones examinó a su hijo y al poco, cuando nos acercamos a curiosear vimos que José se había partido los incisivos superiores por la mitad, todos hicimos un gesto de dolor y acompañamos a nuestro amigo al pabellón de emergencias del hospital. Ahí termino esa tarde de juegos. Fue el inicio de una hilera de accidentes que tendría el buen José.

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AHORRO ES PROGRESO

A veces solo falta un líder en el trabajo para que todo el engranaje de la empresa empiece a funcionar de la manera más óptima. Es necesario que éste sepa identificar las necesidades de la empresa y sepa administrar los recursos de los que dispone a priori para cubrir esas necesidades y a ser posible contar con un excedente al final del mes.

 

            El motivo del comentario del primer párrafo es a propósito de un trabajo de investigación que estoy realizando para el trabajo de mi pareja, la cual trabaja en una agencia bancaria. La gerencia regional le encargó la tarea de elaborar un plan piloto que sirva de modelo para ser implementado en otras agencias de la región. Éste debería consistir en detectar los recursos que se pueden recortar al interior de las agencias bancarias con el fin de reducir los gastos corrientes y a su vez ahorrar recursos energéticos y logísticos. La agencia consta de treinta personas aproximadamente y la atención al público es de lunes a sábado desde las nueve de la mañana hasta las ocho de la noche.

 

            Los que trabajamos en oficina sabemos que a veces utilizamos más recursos de los que debemos. En estos inmuebles tenemos por lo general un baño. Enfoquémonos un instante en este punto. Personalmente en más de una ocasión he ingresado al sanitario de mi oficina y he notado que el agua del grifo continúa saliendo, esto puede deberse a que la empaquetadura del caño se encuentra gastada y necesita ser reemplazada o puede deberse a una simple desidia por parte de la persona que hizo uso de este minutos antes. La pregunta es ¿cuánto se podría ahorrar en ese inmueble si es que tomáramos conciencia de la importancia de cerrar correctamente el grifo? Si multiplicamos las horas que permanece la fuga de agua por el número de días que tiene el mes quizá el resultado de la operación nos sorprenda. Otro punto en el que quisiera hacer hincapié es en el gasto de energía eléctrica. Hace dos meses hicimos un experimento en mi casa y procedimos a reemplazar todas las bombillas de luz clásicas por los modernos focos ahorradores. La verdad es que estos focos modernos pueden llegar a costar hasta cuatro veces más que las bombillas corrientes pero presentan la ventaja de una mejor iluminación y según referencias de familiares tienen mucho más tiempo de vida llegando aun promedio de seis años de duración. Sin embargo la sorpresa absoluta llegó a finales de mes en la cuenta de la luz. Esta se redujo casi a un tercio de lo que veníamos pagando. No salimos aun de nuestro asombro de la cantidad de dinero desperdiciada hasta ahora por no adoptar esta medida antes.

 

            Y finalmente para seguir con el tema del ahorro en la oficina me gustaría mencionar el uso del papel destinado a impresiones y fotocopias. A veces con una facilidad irritante vemos como alguno de nuestros compañeros desecha estos papeles sin aprovecharlos, muchas veces los usamos como borradores y escribimos una línea en un ahoja tamaño A4 para enseguida botar el papel a la basura, creo yo que si decidimos darle ese uso al menos deberíamos conservar la mencionada hoja para todas las anotaciones rápidas del día y no gastar diez o quince hojas en lo mismo. ¿A usted que le parece?

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TRAGEDIA EN RASCACIELOS

De hecho que alguna vez se nos ha pasado por la mente el alquilar un inmobiliario. Generalmente nuestra atención se desvía en primera instancia  a un departamento, siempre esta presente la frase en nuestra mente, un departamento con vista al mar. Sería hermoso ver un atardecer desde la altura de nuestro departamento, estar cerca y ser parte del magnífico espectáculo crepuscular con esas tonalidades que van en degradé del naranja al azul atravesando el espectro rojo. Esa inmensa bola incandescente que mansamente pierde sus cabellos para posarse por breves instantes sobre las aguas para luego desaparecer prometiendo volver en unas cuantas horas más. En mi caso me gustaría observar el atardecer desde un décimo piso en algún edificio, simplemente apoyarme sobre una de las ventanas y respirar profundamente como cargándome de esa energía que sólo el mar tiene, ir viendo pasar las últimas bandadas de aves en busca de sus refugios, lentamente absorber a través de una cañita un jugo de manzana helado y hacerme uno con la naturaleza. Y se podría pensar que este pensamiento es típico de un soltero pero no es así necesariamente. Se me viene a la memoria en estos instantes a un personaje célebre que le tocó vivir momentos de angustia en un inmobiliario de este tipo. Supuestamente diseñado para brindar un máximo confort a sus huéspedes se terminó convirtiendo en un lugar lúgubre y de siniestra recordación. Pasemos a recrear esos momentos que ultimadamente desembocaron en una de las inspiraciones más bellas del personaje damnificado.

 

            Me estoy refiriendo a la tragedia que le tocó vivir al conocido guitarrista británico Eric Clapton cuando perdió a su hijo en un trágico accidente suscitado al interior de su departamento. El departamento en cuestión estaba ubicado en el piso 53 de un rascacielos en la ciudad de Manhattan en el estado de Nueva York. Técnicamente el departamento no era propiedad de Eric Clapton, pero situémonos en antecedentes para entender mejor esta trágica historia. El guitarrista británico había despuntado muy joven, cuando tenía menos de 20 años de edad ya estaba al frente de una de las bandas más importantes de Rhythm and Blues de la primera mitad de la década de los sesenta, Los Yardbirds, con ellos estuvo tocando poco más de un año hasta que fue “descubierto” por el también británico John Mayall que tenía su propia agrupación llamada John Mayall’s Bluesbreakers caracterizada a lo largo de los años por contar entre sus filas con músicos que poco después emigrarían para formar sus propios grupos y que resultarían claves en el desarrollo del rock de los años venideros, por citar dos ejemplos podemos mencionar a Peter Green, eximio guitarrista que pasaría a formar Fleetwood Mac y también podemos mencionar a Mick Taylor que se unió a los Rolling Stones por espacio de cuatro años. Con estos tremendos antecedentes Clapton da el gran salto en 1966 cuando se marcha para formar su propio grupo, el legendario trío Cream. Con ellos vivió cuatro intensos años llenos de creatividad y contundencia musical. Ya en 1969 este grupo se separa y Clapton forma Blind Faith con otros reconocidos músicos británicos de la talla de Steve Winwood por mencionar sólo un nombre. Paralelamente trabaja en otros grupos como Derek & The Dominos o colaborando con artistas como George Harrison con quien ya había cultivado una buena amistad años atrás. Sin embargo en el período que abarca de 1970 a 1974 aproximadamente el talentoso guitarrista británico estuvo sumido en el mundo de la heroína y estuvo muy cerca de la muerte. Afortunadamente pudo superar este trance y relanzar su carrera. Así entro en la década de los ochentas, con un segundo aire y varios álbumes en su haber. En esta década se le recuerda mucho a Clapton por incluir al ex baterista de Genesis Phil Collins en su grupo y por participar en innumerables campañas y festivales de apoyo social por todo el mundo. Comenzando ya la década de los noventa la tragedia se anunció cuando ve morir a uno de sus amigos más cercanos. Continuaré esta historia.

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